Jk no sabe de ángeles ni mensajeros
o guardianes alados. Para él la palabra ángel está asociada con un compañerito
del aula, un niño autista. Ángel lo acompaña desde preescolar. Es un niño
inquieto, como todos: corre de un lado a otro, sale por la puerta, se para en
la silla, le parte la punta a los lápices, se tira en el piso. Sus compañeros
de aula le imitan. A veces la mamá de Ángel lo acompaña. Cuando ella no está es
demasiado para la maestra de primer grado.
martes, 2 de abril de 2019
viernes, 18 de enero de 2019
Dios también dio homerun*
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| Foto Rey López |
Yoalkis Cruz salvó
el juego que le dio el campeonato a Las Tunas. Tras el último out su primer
gesto fue arrodillarse, abrir los brazos, mirar al cielo y agradecer a Dios. Él
es un hombre de fe cristiana y siente que en cada victoria está la mano de
Jesús.
Aunque no sean
devotos, muchos peloteros también lo creen. Agradecer a Dios es siempre la
primera oración de una entrevista. Ya sea por convicción o “por si acaso”,
también se persignan al llegar a la caja de bateo, apuntan hacia arriba al
conectar un jit o abren los brazos cuando sacan un out decisivo.
Desde las gradas,
cada cual vive sus creencias igualmente. Lo mismo el hombre vestido de “mascota”
reparte sueltos de papel sobre “cómo conocer a Dios”, que un santero despoja al
estadio antes de cruzar la puerta.
Yo soy una campeona
A la altura de estos años me han gritado perica por
el contraste de los colores, ese rojo y verde que a mis ojos resaltaba tanto en
el terreno. A la altura de estos años he aguantado que me griten palestina, oriental,
como si en algún momento me avergonzara de mi procedencia. A la altura de estos
años no pude mejorar mi nerviosismo, a pesar de que aumentara mi confianza.
sábado, 12 de enero de 2019
Mi mamá está en el estadio
De las últimas veces que mamá salió de casa, cuenta
una visita al Estadio. A ella le
encantaba la pelota. Con ella fui la mayor cantidad de veces a animar al equipo
local: Las Tunas. Mi mamá siempre fue muy apasionada, como yo.
Entendía bien de deportes, porque le gustaba y
porque por papá, que era softbolista bueno, siempre en casa hubo ese ambiente.
Qué suerte la de una pareja que puede compartir la pasión por el deporte, a
pesar de todos los prejuicios alrededor de la mujer.
viernes, 28 de diciembre de 2018
Te extraño, y no estoy bromeando
Hace un año yo estaba junto a mi madre, gastándole
alguna broma en este 28 de diciembre, día de los Inocentes. Hace un año la idea
de la muerte de mi madre ni me pasaba por la cabeza, a pesar de su enfermedad
metastásica. Hace justo un año ella y yo posábamos sonrientes a la cámara y nos
preocupábamos por pasarla bien en fin de año. Pero hoy viernes, 28 de
diciembre, hace tres meses que mi madre murió.viernes, 21 de diciembre de 2018
La novela y los 40 minutos diarios de alegría de mami
La nocturna de la cadena colombiana Caracol es y
será mi novela preferida. Comencé de casualidad a verla con mi madre, y se
convirtió, en sus últimos días, en un espacio para las dos.
Era lo único que la entretenía aquellas horas en que
estaba tan cerca la muerte. Era el momento cuando la veía contenta, emocionada
con los desenlaces de cada personaje. Mandábamos a callar a mi hermana si a esa
hora quería contarnos algo, atendía yo a las visitas si llegaban a las 11 am
para que mami pudiera seguir viendo la novela, hasta Jose Kmilo sabía que
cuando sonaba la alarma del celular era porque: “Abuela, la novela”. Él y yo
cantábamos la canción de portada y mami se sonreía al vernos.
viernes, 14 de diciembre de 2018
La sexta después del ángel
La tumba de mi madre es la sexta después del ángel.
Es fácil llegar, al menos para mí. Mi cuerpo va directo, sin buscarla, pero mi
madre no aparece. Mi madre no está en el cementerio.
Allí solo hay una tumba con su nombre y una jardinera
con flores plásticas y reales, en homenaje a una mujer que amaba las rosas y
los girasoles.
Si cuentas seis después del ángel encontrarás una
tumba con el nombre de mi mamá. Y sus mismas fechas de vida y muerte.
Pero sigo diciendo que ella no está allí, aunque
allí repose su cuerpo, ya en descomposición.
Yo no soy de quienes ponen flores a los muertos en
el cementerio. La tristeza es más desgarradora en la soledad. Y a mí que me
desgarre la tristeza, que me sobrecoja el recuerdo de mi hermana Kenia y mi
madre, que tenga a mano una foto para verlas, que nunca olvide sus rostros, sus
vidas.
Por eso no voy al cementerio, ni siento que al no
hacerlo las traiciono. Un día al año, o tres, voy y les pongo flores y les
enciendo una vela. A veces el viento las apaga, a veces las deja quemar.
Mi madre no está en el cementerio. Mi hermana
tampoco. La sexta después del ángel es la tumba de una desconocida. Es lo más
cursi que pueda sonar, pero es una verdad innegable: mi hermana y mi madre siguen
vivas, aunque ya no me puedan abrazar.
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