A penas diez minutos después de ser
diagnosticada con cáncer de pulmón, la profe Josefina prendió un cigarro. “Mi
alumna no puedo dejarlo”, me dijo con desgarradora sinceridad. “El estrés y la
ansiedad de todo esto solo fumar me lo calma”.
Independientemente de esta historia, yo he
visto el rostro del cáncer. Conozco de muy cerca todas sus caras, y ninguna es
agradable.






