El sueño de mi madre siempre fue que yo fuera cantante. Ella deseaba verme alguna vez en la televisión, cantando alguna canción y dedicándosela. Fue su sueño siempre, aunque nunca me llevó a ninguna prueba en las escuelas de arte. Mami sabía que, si era mi destino, yo sola encontraría la forma de lograrlo.
Desde aquellas mañanas de canto matutino en la primaria y secundaria, allí cuando mi madre estaba por alguna ocasión especial, había que verla sonriendo, con sus ojos pequeños a punto de llorar. Mami adoraba verme cantar, y fueron muchos los conciertos privados que le di en aquel apartamento a donde fuimos a vivir tras su divorcio.
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viernes, 9 de agosto de 2019
sábado, 12 de enero de 2019
Mi mamá está en el estadio
De las últimas veces que mamá salió de casa, cuenta
una visita al Estadio. A ella le
encantaba la pelota. Con ella fui la mayor cantidad de veces a animar al equipo
local: Las Tunas. Mi mamá siempre fue muy apasionada, como yo.
Entendía bien de deportes, porque le gustaba y
porque por papá, que era softbolista bueno, siempre en casa hubo ese ambiente.
Qué suerte la de una pareja que puede compartir la pasión por el deporte, a
pesar de todos los prejuicios alrededor de la mujer.
viernes, 28 de diciembre de 2018
Te extraño, y no estoy bromeando
Hace un año yo estaba junto a mi madre, gastándole
alguna broma en este 28 de diciembre, día de los Inocentes. Hace un año la idea
de la muerte de mi madre ni me pasaba por la cabeza, a pesar de su enfermedad
metastásica. Hace justo un año ella y yo posábamos sonrientes a la cámara y nos
preocupábamos por pasarla bien en fin de año. Pero hoy viernes, 28 de
diciembre, hace tres meses que mi madre murió.viernes, 21 de diciembre de 2018
La novela y los 40 minutos diarios de alegría de mami
La nocturna de la cadena colombiana Caracol es y
será mi novela preferida. Comencé de casualidad a verla con mi madre, y se
convirtió, en sus últimos días, en un espacio para las dos.
Era lo único que la entretenía aquellas horas en que
estaba tan cerca la muerte. Era el momento cuando la veía contenta, emocionada
con los desenlaces de cada personaje. Mandábamos a callar a mi hermana si a esa
hora quería contarnos algo, atendía yo a las visitas si llegaban a las 11 am
para que mami pudiera seguir viendo la novela, hasta Jose Kmilo sabía que
cuando sonaba la alarma del celular era porque: “Abuela, la novela”. Él y yo
cantábamos la canción de portada y mami se sonreía al vernos.
viernes, 14 de diciembre de 2018
La sexta después del ángel
La tumba de mi madre es la sexta después del ángel.
Es fácil llegar, al menos para mí. Mi cuerpo va directo, sin buscarla, pero mi
madre no aparece. Mi madre no está en el cementerio.
Allí solo hay una tumba con su nombre y una jardinera
con flores plásticas y reales, en homenaje a una mujer que amaba las rosas y
los girasoles.
Si cuentas seis después del ángel encontrarás una
tumba con el nombre de mi mamá. Y sus mismas fechas de vida y muerte.
Pero sigo diciendo que ella no está allí, aunque
allí repose su cuerpo, ya en descomposición.
Yo no soy de quienes ponen flores a los muertos en
el cementerio. La tristeza es más desgarradora en la soledad. Y a mí que me
desgarre la tristeza, que me sobrecoja el recuerdo de mi hermana Kenia y mi
madre, que tenga a mano una foto para verlas, que nunca olvide sus rostros, sus
vidas.
Por eso no voy al cementerio, ni siento que al no
hacerlo las traiciono. Un día al año, o tres, voy y les pongo flores y les
enciendo una vela. A veces el viento las apaga, a veces las deja quemar.
Mi madre no está en el cementerio. Mi hermana
tampoco. La sexta después del ángel es la tumba de una desconocida. Es lo más
cursi que pueda sonar, pero es una verdad innegable: mi hermana y mi madre siguen
vivas, aunque ya no me puedan abrazar.
viernes, 7 de diciembre de 2018
Remedios naturales, familiares, para el cáncer
Estos remedios los hizo mi mamá desde que fue
operada en 2015 y mi hermana desde que vino enferma en 2013. Ninguno está
probado científicamente. Son apenas consejos de vecinos, amigos, familiares,
desconocidos, o búsquedas en libros e Internet.
A ciencia cierta no podemos decir cuál es más
efectivo que otro. Mi madre confiaba como nadie en la medicina verde y de
alguna forma yo también. Los resultados están ahí: a mi hermana le ayudaron a
sobrepasar en dos años los pronósticos de 6 meses de los médicos, a mi madre la
mantuvieron viva, después casi tres años de operada y con una metástasis
“andando” por su cuerpo.
viernes, 30 de noviembre de 2018
Una madre moderna
“Pues cásese 60 veces”, le respondió mi madre a una
vecina que trató de encontrar en ella consuelo para las infidelidades de su
esposo.
Mi madre, que fue violentada muchas veces, de muchas
maneras (quién no lo ha sido en este mundo machista?) pero no fue hasta sus últimos años que entendió de violencia de género, de
empoderamiento femenino.
viernes, 23 de noviembre de 2018
Cábalas de vida y muerte. Cábalas de viernes.
Alguien me dijo yo me invento cábalas. Cábalas de
vida y muerte. Que necesito hallarle a todo coincidencias, presagios. Yo no me
invento cábalas, la vida me las da.
Todo empezó con Marisol, la hermana más pequeña de
mi madre que murió a los 14 años, un 7 de noviembre, el mismo día del
cumpleaños de otra de sus hermanas. Así inició la maldición de los Ibarra
Torres: una triste coincidencia entre fechas de muerte y nacimientos.
viernes, 16 de noviembre de 2018
La enfermera especial
A mi madre le costó reconocer que se volvía dependiente. Hacia sus últimos meses de vida se lamentaba por ser una carga para sus dos hijas. Aligeraba el peso siempre que podía. Aprendió a vomitar en silencio para no molestar a nadie, a soportar las ganas de orinar en la madrugada para que nadie tuviera que levantarse, a buscar la forma de acomodar su cuerpo para evitar las escaras, a sacar las últimas fuerzas para ir sola al baño.
Ni enferma, ni ya casi sin fuerzas, mi madre quiso
toda la atención para ella. Nunca renunció a su independencia. Pero a veces el
cuerpo no responde, se revela, no hace caso.
Cuando ya no pudo hacerlo sola, me miraba con
resignación. Yo trataba de consolarla recordándole cuánto hizo lo mismo por
nosotras cuando éramos niñas: “ninguna de las tres me dio trabajo nunca”, me
respondía ella.
Yo era feliz echándole el agua, aunque eso
significara una herida tras cada roce.
La última vez que la bañé me dijo que yo era
su enfermera especial. Ese día, tras una convulsión, sonrió de alegría por el
baño que le había dado. Fue la última vez que la vi sonreír.
viernes, 9 de noviembre de 2018
Morir con los ojos abiertos
La mayoría de la gente muere con los ojos abiertos.
Hay que cerrárselos. Incluso aquellos que mueren encamados, mueren con los ojos
abiertos. No puede ser de otra manera cuando estamos vivos.
Entonces, cuando alguien muere con los ojos
abiertos, hay que cerrárselos, aunque yo no sepa por qué. Quizás pensamos que
así, como dormidos, ya descansan en paz; quizás no queramos que sigan mirando
al mundo, que nos sigan mirando.
A veces creo que es algo más simple: cuando una persona muere, mientras tenga los ojos abiertos, puede mirarnos dentro.
viernes, 2 de noviembre de 2018
Mamá casi al final*
Mi pobre madre yace moribunda en una cama. Aun así
debe ser de los pocos pacientes que esperan una ligera mejoría para recibir
quimioterapia. A ella cada sesión, cada ciclo de citostático, la hizo feliz: le
daba esperanza.Ahora ya su cuerpo no soporta esa fórmula química
hecha para matar células, buenas o malas sin discriminación. Ahora su cuerpo no
sostiene los vómitos, que vienen seguidos de cada comida —como mal augurio— que
traen restos de comida putrefacta; y gotas de sangre; y un líquido amarillo,
espeso, que nadie sabe explicarnos qué es, que tampoco nosotras queremos saber
viernes, 26 de octubre de 2018
Yo soy un poco mis propios muertos.
Unas semanas antes de morir mi madre se sabía
llegando a su fin. Ni ella ni yo creíamos en aquello de la resurrección, de la separación
del alma y el cuerpo, del viaje hacia un lugar feliz. No creíamos y aún así nos
dimos el aliento de que ella pudiera abrazar a mi hermana Kenia otra vez.
viernes, 19 de octubre de 2018
Chao pescao
Jose dice que mami se fue al cielo en un avión de
colores. Cuando quiere verla solo mira hacia arriba y llama a abuela Mirtha. La
relación de ellos era especial, como la de casi todos los abuelos y sus nietos.
Se querían, aún cuando en los últimos meses ella ya no podía ayudarlo a recoger
los juguetes, ni hervirle la leche, ni mucho menos hacer planes para que fuera
ella quien le anudara la pañoleta azul. Contra su corazón mi madre decidió
desprenderse un poco de JK para que cuando ella muriera todo le fuera más fácil
al niño. Pero hay lazos que ni conscientemente pueden cortarse. Jose era uno de
ellos.viernes, 28 de septiembre de 2018
Mami: despedida de duelo
Las Tunas, septiembre 28/2018
Para lo único que mi madre no tuvo valor fue para
quitarse la vida, justo cuando su vida llegaba al final. Una vez, hace años, me
prometió que se quitaría la vida si se volvía dependiente, si volvía el sufrimiento
de aquellos días de julio cuando murió mi hermana Kenia. Pero no pudo cumplir
con su promesa. Al contrario, cada mañana agradecía a Dios por abrir los ojos y
despedir a José Kmilo antes de irse a la escuela, (“Chao pescao”— justo sus últimas
palabras este 28 de septiembre— “A la vuelta picadillo siempre respondió él” )
y agradecía también tomarse la leche caliente que le preparaba mi hermana, y
sentarse conmigo a ver la novela de las 11. Mami no quería morir, aunque le
doliera ser una carga para nosotras, y nos mirara con vergüenza cuando no podía
bañarse sola o sostenerse por sus propias piernas.
jueves, 31 de mayo de 2018
Sombrillas, goteras, mala suerte y rayos
Mami siempre ha dicho que las sombrillas abiertas
bajo techo traen mala suerte y atraen rayos. Y no podría ser de otra manera. ¡Qué
buena suerte puede tener una familia estafada, dos veces!¡Mal rayo les parta! No
bastó con que las mantas de impermeabilización fueran sustraídas de alguna
construcción estatal, o que el gas para el trabajo tenga que ponerlo el
cliente, o que el precio final sea una exorbitante cifra en CUC.
jueves, 18 de enero de 2018
De cómo me hice Leñadora: la culpa es de mis padres (+Galería)
La culpa de todo la tienen mis padres. Boza chiflaba en el balcón con cada hit o carrera. Yo no solo imitaba la posición de sus labios, sino que con el tiempo aprendí a hacerlo. Luego mi madre me acompañó a cada juego de fin de semana, cuando regresaba de la universidad. Allí, sobre el banco de primera, nos colábamos en la peña del CIMEX, saludábamos a Joan Carlos en primera y también a los rivales.
Allí conocí a Los Gurriel, y mami “luchó” pelotas firmadas por los equipos de Santiago de Cuba, Sancti Spíritus, Guantánamo, Camagüey y Las Tunas. Mami tiene carisma para lograr lo que se propone, no hay dudas.
domingo, 17 de diciembre de 2017
Humo y ron para San Lázaro, salud para mi mamá
Por un instante respira mejor. Olvida la falta de aire permanente del derrame pleural en su pulmón derecho. Se sobrepone al cáncer y las vulnerabilidades. ¿Cómo pedirle que no masque el tabaco, que no lo ponga al revés en la boca y vuelva a sentir el orgullo de tomar el riesgo y no quemarse? Otros quieren intentarlo, pero no se atreven. Mamá sabe hacerlo desde hace años, cuando solía echarle humo y ron a su San Lázaro. Por eso no negará ahora este “Romeo y Julieta”. No lo fumará completo, sabe sus limitaciones, pero no perderá la oportunidad de echarle humo a su San Lázaro, mucho menos este 17 de diciembre, para que, como ella se aferra a pensar, la continué manteniendo viva.
martes, 5 de enero de 2016
No hay pastoral contra el crimen (+Video)
Mi madre hubiera querido ser alfabetizadora, pero cuando llegaron aquellos días de campaña apenas tenía 11 años y cinco hermanos para ayudar a criar. Esa fue una hazaña que le gustaría contarles a sus hijas y nieto, pero nunca sucedió.
Es por ello su insistencia siempre, en recordarme tales años de lápiz, cartilla y manual, de valientes adolescentes quienes se fueron a las montañas a enseñar e incluso, a morir haciéndolo.
Por un poema declamado por mamá en cada jornada de recordación, conocí de Conrado Benítez García. Esos versos de El Indio Naborí han sido los únicos que le he visto recitar en su vida, y cuánto siempre la emocionan.
Por un poema declamado por mamá en cada jornada de recordación, conocí de Conrado Benítez García. Esos versos de El Indio Naborí han sido los únicos que le he visto recitar en su vida, y cuánto siempre la emocionan.
Señor cura, simple y bueno/ era Benítez García/ ébano que sonreía/ en un resplandor sereno. Era como una vaso lleno/ de comprensión y ternura/, era la misma dulzura/ hecha muchacho jovial/. Escriba una pastoral/ contra el crimen/ Señor cura.
domingo, 2 de agosto de 2015
Esta confesión pública es por ti y para ti, Kenia.
Yo sentí en algún momento que Dios me había abandonado, que
se había olvidado de mi familia, que nos castigaba por ser buenos.
Dejé de creer que Él existía y desamparaba a mi madre y a mi
hermana mayor, a ella sobretodo que le había entregado incondicionalnenre y solo
a Él su alma. Entonces, cuando volvía otra vez a imaginarlo por la casa, o
atento cada noche a mis súplicas, Kenia murió.
jueves, 23 de julio de 2015
El cáncer, mi hermana, las ganas de vivir: su ejemplo.

El día que murió Carmen, su hija Yoani me envió un mensaje a las cuatro de la mañana. A esa hora yo iba camino al Ameijeiras con mi hermana para su quimioterapia, de eso ha pasado ya más de un año. Mi hermana ahora es quien agoniza con dolor.
Y cómo puede pedírsele a una madre, a mi madre que olvide la agonía de mi hermana y se cuide ella ahora de su enfermedad, la misma que desde hace dos años consume a Kenia.
Cómo pedirle a mi madre que no continúe postergando su salud por la de mi hermana, a esta altura ya irreversible. Suena egoísta porque por ella ya no puedo hacer nada, mas por mi madre, todavía quedan batallas por librar.
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