miércoles, 15 de marzo de 2017

Tres días para ser un Crusoe

El mar se retiró en Batabanó y la isla se esfumó del archipiélago cubano. Los vientos del norte (será que casi todo lo que venga de ese punto cardinal nos jode) arrastraron las aguas Caribe adentro y el puerto desapareció, y el fondo marino se asomó, y fue imposible regresar o partir.

domingo, 29 de enero de 2017

Lo que se inaugura con premura...



La cola en las afueras es inmensa. Desde horas antes la gente sabe que iban a reinaugurar la tienda —como si eso supusiera nuevos productos y precios. Pero aún así la cola en las afueras es inmensa.
Tras bajar la “marea humana” aglomerada en la puerta, con la curiosidad típica de lo nuevo, invitas a un amigo a ver cómo ha quedado el lugar.
Por todos lados hay gente haciendo compras: lavadoras, vasos, “porta cosas” de cocina, tasas, ramos de flores plásticas, lámparas, etc. Y con ellos la típica matazón a la que estamos acostumbrados, porque si bien son tiendas con los mismos productos de siempre, cuando son reinauguradas es cuando aparecen en grupo los compradores.

miércoles, 25 de enero de 2017

Todo comienza en el cementerio (+ Fotos y Video)




La primera visita es al cementerio. Casi llegas sin respiración, con el polvo y el cansancio de más de 4 horas de viaje, agilizando a tu madre sexagenaria cuyas rodillas no la dejan avanzar más rápido. Pero es preciso apurarse. Son las 4:30 y a las 5 es el último cambio de guardia. 
No hay tiempo para buscar la impresionante tumba de Carlos Manuel de Céspedes, ni contar las 92 rosas de bronce de Compay Segundo, ni detenerte ante aquellas bóvedas cubiertas por madera.

martes, 13 de diciembre de 2016

Nuestros muertos quieren que cantemos



 

Hace casi un mes que murió Fidel.  Fueron 9 días tristes de luto, y para algunos los días tristes continúan en el fondo, pero la vida sigue.
Hace casi un mes que murió y todavía hay gente que no permite la música alta, las fiestas en público, no sé con qué derecho.
Incluso algunos que permiten la música, la sugieren baja, a un tono mesurado, no por la contaminación sonora ni mucho menos, sino más bien porque de alguna forma, “el país todavía está de luto”… y lo estará siempre.
¿Acaso no duele siempre la muerte de un ser querido? ¿Significa amar menos, respetar menos, porque tras los días de la pérdida decimos bromas, hacemos el amor, o bailamos? ¿Somos culpables por una sonrisa? Los olvidamos si seguimos adelante?

domingo, 4 de diciembre de 2016

Fidel es un elegguá



 “Así como Olofi- Jesucristo, no hay un solo altar sin una luz por ti”
 
Algo divino debe haber protegido a Fidel durante toda su vida. Unos dicen que fue obra de Lina, su madre, fiel devota de la Virgen de la Caridad del Cobre; otros que fue la estampa de la patrona de Cuba regalada por una niña santiaguera; y varios, que fueron los santos de la religión yoruba.
Lo cierto es que algo divino debe haber protegido a Fidel durante su toda vida. La forma en que burló el tiempo y el odio; el amor que le profesaron en todo el mundo; el carisma y la empatía que sintieron por él  “apolíticos” devotos de varias religiones y creencias; arroja una sospecha de cuánto estaba protegido aquel hombre en cuyo hombro se posaron palomas blancas en más de una ocasión.
Precisamente ese gesto de las aves, según la regla de Osha-Ifá, es un símbolo de los elegidos: “dentro de la santería existe un PATAKY que explica cómo los grandes sacerdotes de la religión santera serán aquellos que Olofi escoge, mandando a una paloma a posarse sobre el hombro izquierdo”.  Y sea casualidad o no, puede decirse que Fidel fue el Elegido, al menos de la historia.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

El nuestro, es un dolor esperanzado

 A mi sobrino José Kmilo, que un día también sentirá esta pérdida

El dolor de los jóvenes por la muerte de Fidel no es el mismo dolor que el de nuestros padres. Nuestro sentir no tiene tal carga de tristeza, porque no hay tristeza en la esperanza.
Nuestros padres se sienten huérfanos, nosotros, los más jóvenes, hemos perdido a un abuelo, de quien hablaremos siempre con orgullo, de quien contaremos en clases sus hazañas, de quien siempre tendremos algo que decir, incluso para reclamar a nuestros padres: Si abuelo estuviera vivo…

Lloré tarde a Fidel



A Kenia, porque mis lágrimas por Fidel también son tuyas. 
Porque si alguien me enseñó a amarlo, fuiste tú.

 Lloré tarde a Fidel. Así me sucedió cuando murió mi hermana Kenia: no fue hasta ese instante del cortejo fúnebre cuando pensé que no la vería más; no la escucharía más; no tendría más su ejemplo, su cuidado, su protección, la palabra precisa.
Así también me pasa con Fidel, tanto que no quiero llamar a mis padres: no quiero oírlos llorando, ni que me escuchen llorar.
Lloré tarde a Fidel. Una parte de mí se negaba a creerlo por más que lo confirmaran las imágenes en la TV, llamadas y mensajes de amigos, canciones en la radio, banderas y fotos colgadas en los balcones de mi barrio.
Esta mañana puse un girasol frente a su foto, le lancé un beso y al pensar que no podría físicamente recibirlo, ni mis brazos envolver su cuerpo, no pude contener las lágrimas.