viernes, 16 de noviembre de 2018

La enfermera especial


A mi madre le costó reconocer que se volvía dependiente. Hacia sus últimos meses de vida se lamentaba por ser una carga para sus dos hijas. Aligeraba el peso siempre que podía. Aprendió a vomitar en silencio para no molestar a nadie, a soportar las ganas de orinar en la madrugada para que nadie tuviera que levantarse, a buscar la forma de acomodar su cuerpo para evitar las escaras, a sacar las últimas fuerzas para ir sola al baño.
Ni enferma, ni ya casi sin fuerzas, mi madre quiso toda la atención para ella. Nunca renunció a su independencia. Pero a veces el cuerpo no responde, se revela, no hace caso.
Cuando ya no pudo hacerlo sola, me miraba con resignación. Yo trataba de consolarla recordándole cuánto hizo lo mismo por nosotras cuando éramos niñas: “ninguna de las tres me dio trabajo nunca”, me respondía ella.
Yo era feliz echándole el agua, aunque eso significara una herida tras cada roce.
 La última vez que la bañé me dijo que yo era su enfermera especial. Ese día, tras una convulsión, sonrió de alegría por el baño que le había dado. Fue la última vez que la vi sonreír.



viernes, 9 de noviembre de 2018

Morir con los ojos abiertos



La mayoría de la gente muere con los ojos abiertos. Hay que cerrárselos. Incluso aquellos que mueren encamados, mueren con los ojos abiertos. No puede ser de otra manera cuando estamos vivos.
Entonces, cuando alguien muere con los ojos abiertos, hay que cerrárselos, aunque yo no sepa por qué. Quizás pensamos que así, como dormidos, ya descansan en paz; quizás no queramos que sigan mirando al mundo, que nos sigan mirando.

A veces creo que es algo más simple: cuando una persona muere, mientras tenga los ojos abiertos, puede mirarnos dentro.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Mamá casi al final*



Mi pobre madre yace moribunda en una cama. Aun así debe ser de los pocos pacientes que esperan una ligera mejoría para recibir quimioterapia. A ella cada sesión, cada ciclo de citostático, la hizo feliz: le daba esperanza.Ahora ya su cuerpo no soporta esa fórmula química hecha para matar células, buenas o malas sin discriminación. Ahora su cuerpo no sostiene los vómitos, que vienen seguidos de cada comida —como mal augurio— que traen restos de comida putrefacta; y gotas de sangre; y un líquido amarillo, espeso, que nadie sabe explicarnos qué es, que tampoco nosotras queremos saber

jueves, 1 de noviembre de 2018

Leñadora fuera del bosque



Por vivir desde hace 7 años fuera mi provincia ir al estadio bien podría parecer un suicido. Ni el disimulo de no vestir mi pulover de Las Tunas puede esconder mi procedencia oriental. Un hit, un jonrón, una carrera me levanta del asiento, me saca un par de gritos y chiflidos, me delata.
Sigo a Las Tunas desde siempre, y por eso he tenido que aguantar “palestina” en el estadio de Camagüey, burlas en el de Cienfuegos, improperios en el de Granma, miradas ofensivas en el de Villa Clara.

viernes, 26 de octubre de 2018

Yo soy un poco mis propios muertos.



Unas semanas antes de morir mi madre se sabía llegando a su fin. Ni ella ni yo creíamos en aquello de la resurrección, de la separación del alma y el cuerpo, del viaje hacia un lugar feliz. No creíamos y aún así nos dimos el aliento de que ella pudiera abrazar a mi hermana Kenia otra vez.

viernes, 19 de octubre de 2018

Cáncer: te confieso mis miedos



El día que el médico de guardia me examinó los senos, yo ni siquiera podía excitarme con su cara de doctor lindo. Estaba asustada.
Mis miedos comenzaron en 2013, pero no con el cáncer de seno de mi hermana Kenia. Mis miedos comenzaron un domingo mucho después, con mis propios dolores en los senos… y no se han marchado más.

Chao pescao



Jose dice que mami se fue al cielo en un avión de colores. Cuando quiere verla solo mira hacia arriba y llama a abuela Mirtha. La relación de ellos era especial, como la de casi todos los abuelos y sus nietos. Se querían, aún cuando en los últimos meses ella ya no podía ayudarlo a recoger los juguetes, ni hervirle la leche, ni mucho menos hacer planes para que fuera ella quien le anudara la pañoleta azul. Contra su corazón mi madre decidió desprenderse un poco de JK para que cuando ella muriera todo le fuera más fácil al niño. Pero hay lazos que ni conscientemente pueden cortarse. Jose era uno de ellos.