Pasó mucho tiempo para que entendiera al Che. Me pareció
siempre cuestionable esa valentía de dejar a la familia e irse a pelear y morir
por tierras ajenas.
A esta altura me pregunto si alguna vez sus hijos le cuestionaron
como tantas veces hice yo. A esta altura me pregunto si algún día tendré su
valor. A su altura comprendo entonces el verdadero significado de altruismo.
Cuando escuché de su historia por primera vez, hace más de
20 años, sentí el padecimiento del asma, como lo único en común, sin embargo,
por allí comencé a comprenderlo.
Entendí sus días de “respiración entrecortada”, atravesando la Sierra húmeda, la selva
espesa. Sobreviviendo a las noches del pitido en el pecho, de la sensación de
no poder llevar a los pulmones el aire que sobre y pensar todo el tiempo en la
posibilidad de morir. Solo entonces supe la diferencia entre nosotros: él nunca
temió a la muerte.
¿Cómo puede no temerse a dejar de estar vivo, a cerrar los
ojos para siempre?, me pregunté hace 20 años.





