lunes, 14 de abril de 2014

¿Quién tiró la tiza?


En coautoría con Roberto Alfonso Lara
 ¿Es posible ser blanco y tener ADN negro, o viceversa? Sí. Investigaciones realizadas en varias provincias demostraron que sin importar el color de la piel, todos los cubanos llevamos en la sangre un porcentaje de ancestrales genes europeos y africanos. Incluso, en algunas personas blancas más de la mitad de la composición genética proviene del llamado continente negro.
 El análisis estadístico permitió conocer que el proceso que da origen a este mestizaje ha tenido lugar durante siete generaciones, lo que equivale aproximadamente a 200 años.
 Según datos arrojados por el censo de 2012, aunque aún predominan las personas blancas (64,1 por ciento) sobre los «no blancos», la composición de nuestra población tiende a la mescolanza. Queda claro que en cada región los indicadores no se comportan de la misma forma, una consecuencia del devenir histórico, económico y sociocultural de cada territorio.
 En Cienfuegos existen poco más de 404 mil habitantes y casi el 76 por ciento corresponde a los de piel clara. Sin embargo, aquí, como en otras partes de la Isla, quien no tiene de congo, tiene de carabalí.

viernes, 11 de abril de 2014

Cuando los astros se apagan

Si el otrora ASTRO, hoy Empresa de Ómnibus Nacionales (EON) tuviera, con las nuevas formas de gestión no estatal, una competencia, seguramente quebraría.
  No basta con que a veces esos vehículos no se ajusten a su horario, también hay que sufrir varias horas detenidos por roturas, aires acondicionados con mal funcionamiento, asientos que ya no se reclinan, maltrato de los trabajadores, pasajes a sobreprecio y por supuesto, paradas intermedias para que los choferes puedan “resolver”, mientras queda gente esperando en una lista, en la terminal.

viernes, 4 de abril de 2014

El futuro va anudado con pañoleta


 El primer día que anudé mi pañoleta fui feliz. Aunque no se pareciera en nada a aquella bicolor que décadas atrás usó mi madre o bastaran unos segundos después de lucirla para que el calor de octubre me provocara ganas de quitármela; ese fue, con apenas seis años, uno de los mejores momentos de mi vida.
No importa tampoco que yo no supiera hacer el nudo que llevaba o que en algún momento la dejara perdida, ni que con el paso de los años se desgastara. Aquel atributo, primero azul como el cielo y roja como la sangre después —como quizá rezaba alguna composición de la primaria—, me identificó como pionera.

lunes, 31 de marzo de 2014

La máquina que hace a un joven millonario (+Video)

Fue bien difícil encontrar a Javier Hernández Montes de Oca. Terraplén adentro, en una zona cuyo nombre realmente no recuerdo por lo intrincado, en el municipio de Rodas, estaba su pelotón. Ya caía la tarde cuando le vimos a lo lejos, montado en su KTP 2M. No se detuvo hasta terminar de cortar la caña, no importaba que del otro lado lo esperaran para reconocerle por ser millonario en el corte mecanizado por tercer año consecutivo. La entrevista debía esperar a que él terminara, y así debe ser.
  Cuando por fin el ruido ensordecedor de la máquina se detuvo, Javier le echó un vistazo y se deslizó por la escalera. ¿Cómo tras casi 12 horas de trabajo alguien puede tener todavía ese entusiasmo?, nos preguntamos todos.
  Con las manos y el overol engrasado, como quien no deja de trajinar en la mecánica, nos dio las buenas tardes y tras el reconocimiento de la Unión de Jóvenes Comunistas por su incesante labor en el corte de caña, se destinó a atendernos.

viernes, 14 de marzo de 2014

La metamorfosis de la prensa no es a cucaracha (+ Canción Multiviral de Calle 13)


 “Nacimos sin saber hablar
Pero vamos a morir diciendo!”

  La prensa cubana está cambiando, debe hacerlo en estos tiempos en los que el pueblo pone en ella, nuevamente, un voto de confianza.
La presa cubana está cambiando. Por años se nos tildó de mentirosos, enajenados, por publicar actos de cumplimiento de planes productivos cuando la gente a veces no tenía qué comer; por enfocarnos en el ámbito internacional y como el catalejo de Buena Fe, no poder ver ni siquiera el meñique del pie; por evitar las palabras cólera y dengue, por más duras que fueran.