“Mama, murió Chávez”, me escribió Migue a través de
un mensaje al celular. Fue mi hermana Ara la primera persona a la que llamé,
casualmente cinco minutos antes hablábamos sobre ese tema. Nos hemos conmovido
en el teléfono. La misma vibración nos erizó.
Una antigua profesora me diría
que mis pelos de punta eran producto de la sicología política. Pero mis pelos
de punta eran producto del dolor.
A las 4:25 de la tarde de este cinco de marzo, has
fallecido, Comandante Presidente. Justo a esa hora miré mi reloj, como si algo
sobrenatural me señalara que el mundo se detenía. Has fallecido en tu tierra
querida, allí fuiste a pasar tus últimos días, como hacen los verdaderos
patriotas.




