No he conocido a nadie más comprometido con la ENIA que mi papá. Esta empresa ha sido como un hermano para mí, porque sé que ha sido como un hijo para él. Fueron 25 años dirigiéndola, desde su fundación hasta que otras labores lo han separado de ella.
Otros no se han dolido tanto al dejarla, pero sé que para mi padre desprenderse de la Empresa Nacional de Investigaciones Aplicadas de Las Tunas, es casi como perder un hijo.
Fueron 25 años en esa pequeña oficina donde me tiré mis primeras fotos, donde conocí de rocas y suelos, donde leí por primera vez aquellos libros de hormigón armado y creí que eran una novela policiaca, donde mi papá trató de inculcarme lo bello de la ingeniería geofísica y civil.
En la ENIA me colaba con mis muñecas, o me dormía en el sofá viendo a mi papá escribiendo, revisando informes, siempre trabajando. Nunca lo vi descansando, y creo que ese es el mejor ejemplo que un padre le puede dar a su hijo.




